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Matriz de un sueño y una Isla

Por: Amilkar Feria Flores / Fuente: www.almamater.cu / Publicado: 17 deagosto 2010
 
Cuando vi colgados los grabados de Osmeivy en la galería de la Casa de las Américas, durante la pasada celebración de “La joven estampa”, descubrí a un artista de profunda sensibilidad creadora. Recurriendo al antiquísimo procedimiento de la xilografía, tan antiguo c omo socorrido cuando aun no resultaban frecuentes otras modalidades y técnicas dentro del grabado; el artista abordó la exquisitez de tratamiento que tuvo en su momento de esplendor.

Desde entonces, visitándolo en el Taller de Grabado del Instituto Superior de Arte, he dado continuidad al trabajo por él desarrollado. En el pequeño gremio, dirigido por Iván Rodríguez, trabajan estudiantes muy jóvenes y recién egresados de esta peculiar expresión plástica. La visita siempre se agradece, por todas las razones de extraña coyuntura para este lugar: en primera instancia, se trata del único espacio rectangular y techo plano (además de una pequeña sala teatral), que existe dentro de la Facultad de Artes Plásticas; y, más importante que el razonamiento espacial, por el caluroso afecto humano de los integrantes del reducido equipo (donde nunca falta una cafetera burbujeante sobre la hornilla).

   
Luego de sus lauros, durante la celebración con la que comencé mis palabras, Osmeivy tuvo oportunidad de asistir a una beca otorgada en Suecia, de la que regresó con nuevos bríos. Lejos de parecerle, según me comenta, algo deslumbrante, descubrió lo que de si mismo y de su educación en la Isla había de edificante y constructivo. Por supuesto que reconocer los “progresos” nunca está de más, pero para él la “antigüedad” de ciertos procedimientos constituye la médula del arte de grabar.

Tan es así, que, cuando le pregunto cómo pudo imprimir matrices tan grandes, cercanas al metro de extensión, me muestra la cuchara con la que frota la copia sobre el taco. ¡Si, eso mismo, una cuchara, exactamente igual a la que empleamos para comer! Y si esto fuera todo, el joven graduado no pasaría de ser un buen impresor, con muy buen oficio, y punto. Pero los temas escogidos por su talento rebasan las expectativas del que espera algo más convencional. Desde una arista muy ortodoxa, que recuerda las ilustraciones científicas de viejos textos versados en Ciencias Naturales, Osmeivy se apropia de gigantescas figuras de animales, descubriendo y recontextualizando la belleza implícita en el mundo natural.

Con toda la exquisitez que corresponde a la yuxtaposición de una línea con otra, el rico entramado dibuja lo diminutamente esencial para la creación de su peculiar bestiario. Ya “Machete” (como llama a casi todos) está graduado. Ahora vienen las extensas jornadas del futuro, creando e impartiendo docencia. Aquí quedan como constancia del talento joven de este creador, Caribe merecido, Sueño americano, Cuba, isla pintoresca, y No me mires a los ojos.